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Clara Campoamor

 

 

 

 

 

 

Detención de una sufragista en Londres durante una manifestación

 

 

 

 

 

 

Emilia Pardo Bazán

 

 

 

 

 

Sufragistas americanas a principios del siglo XX

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mujeres trabajadoras en España (1920)

 

 

 

 

 

 

Feministas con el Presidente de la República, Alcalá Zamora

 

 

 

 

 

 

 

 

Logo del Instituto de Investigaciones Feministas dependiente de la UCM y fundado en 1988

 

 

 

 

 

 

 

 

Sello conmemorativo de Clara Campoamor

 

 
El Movimiento Feminista
   
 

La conquista de la igualdad formal de la mujer en España, con respecto al hombre, ha sido el fruto de una larga lucha por el cambio que comenzó con el reconocimiento del derecho al voto y que culminará con la aprobación en el parlamento español de la futura Ley de Igualdad que el actual gobierno ha presentado hace unas semanas como anteproyecto de ley.

Pero, para comprender la dimensión real de este importante logro para todas las españolas, sería bueno conocer algunos detalles sobre el movimiento feminista en nuestro país desde sus orígenes hasta la actualidad.

"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el Derecho Natural, el derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podeis seguir detentándolo ..."

Clara Campoamor, en el Congreso de los Diputados
1 de octubre 1931


ANTECEDENTES SOBRE LA BÚSQUEDA DE LA IGUALDAD

La "igualdad de los sexos" entronca y hunde sus raíces en los filósofos ilustrados del siglo XVIII, quiénes ya se cuestionaban la naturaleza y el papel de la mujer en la sociedad. Con la Revolución Francesa surgen las primeras voces femeninas, pero sus proclamas no salen de los ambientes cultos y literarios en los que se circunscribieron. Finalmente, las principales protagonistas serían engullidas por los vientos revolucionarios. Olympia de Gouges fue ejecutada por realista en 1793; Théroigne de Méricourt, que fue apaleada por mujeres jacobinas, acabó sus días en un manicomio; Etta Palm desapareció de la escena política en 1794 y las reformas civiles de Napoleón cercenaron definitivamente este incipiente feminismo.

Si la Revolución Francesa supuso un primer impulso para mejorar la posición de la mujer, otra revolución - la industrial - creó la coyuntura necesaria para el desarrollo y consolidación del movimiento feminista. La sustitución de la unidad de producción doméstica por el sistema fabril con el trabajo en grandes factorías fomentó un rápido proceso de urbanización, que supuso importantes flujos migratorios y provocó un drástico cambio en la estructura y costumbres de las familias. De la intersección de dos movimientos, el de las mujeres de clase media que lucharon para abrirse las puertas de los centros educativos y ser admitidas en la vida profesional, y el que resultó de la creciente preocupación de los sectores sociales más sensibles a las terribles condiciones de trabajo producidas por la primera industrialización y sus lacras más evidentes - alcoholismo y prostitución -, surgirá a mediados del siglo XIX el movimiento feminista con dos focos principales: Estados Unidos e Inglaterra.

A comienzos del siglo XX el movimiento feminista estaba bien organizado en ambos países y ya se había logrado algunas concesiones importantes gracias a sus intensas y beligerantes campañas: las mujeres podían cursar estudios en la mayoría de las universidades británicas y americanas; en la década de los noventa se produjo un rápido incremento en el número de mujeres dedicadas a actividades relacionadas con la medicina, la enseñanza y el comercio y se promulgaron nuevas leyes que conferían a las mujeres un mayor control sobre sus bienes. En Gran Bretaña actuaban grupos bien organizados que hacían campaña a favor del voto, y en 1903 apareció el movimiento militante sufragista dirigido por Emmeline Pankhurst. La campaña a favor del divorcio también ganaba lentamente terreno y muchos estados de Estados Unidos introdujeron reformas legales para facilitarlo. También hubo campañas, más bien limitadas, para proporcionar consejo e información sobre los métodos de control de natalidad.

Se produjo también una revitalización general del interés por el sufragio femenino y se concedió el voto a las mujeres en diversos estados de los Estados Unidos (Wyoming, 1869; Utah, 1870; Colorado, 1893; Idaho, 1896) y en Australia (1902) así como en Nueva Zelanda (1893) y en otros países que siguieron el ejemplo: Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca e Islandia (1915), Holanda, la Unión Soviética e Inglaterra (1917), Austria, Polonia, Checoslovaquia y Suecia (1918), Estados Unidos (1920), Sudáfrica (1930), España (1931), Brasil (1934), Rumanía (1935), Filipinas (1937). Tras la II Guerra Mundial, además de Francia (1946), el voto femenino sería aprobado en la inmensa mayoría de países, coincidiendo con las independencias que se sucedieron al fin de los grandes imperios coloniales.

Aunque en el siglo XIX hubo en España algunos casos aislados de mujeres emancipadas, no existió un movimiento feminista bien organizado como los que había en otros países europeos y en los Estados Unidos. Hasta los años en torno a la I Guerra Mundial, precisamente cuando la batalla sufragista estaba llegando a su fin en otros países, no cabe hablar con propiedad de organizaciones feministas en España; cuando al fin surgieron fueron además mucho más bajas, en cuanto a combatividad y afiliación, que las de sus modelos foráneos. Circunstancias de todo orden abonaron estas peculiaridades del feminismo español. Los grupos más conservadores, al lograr hacerse con el feminismo, lo volvieron inocuo.

Las dos grandes figuras feministas de esta época en nuestro país son Concepción Arenal (1820-1893) y Emilia Pardo Bazán (1851-1921). La escritora gallega Pardo Bazán denunciaba en la España Moderna (1890) que los avances culturales y políticos logrados a lo largo del siglo XIX (las libertades políticas, la libertad de cultos, el mismo sistema parlamentario) sólo habían servido para incrementar las distancias entre sexos, sin promover la emancipación femenina. La penalista Concepción Arenal insistió en múltiples escritos en que el papel de madre y esposa eran fundamentales en la vida de las mujeres, pero subrayando que la experiencia de la vida femenina no podía centrarse en el ejercicio exclusivo de ese rol. En el terreno educativo fue donde más avanzó el feminismo español. Las iniciativas del Krausismo tras 1850 y de la Institución Libre de Enseñanza (1876) buscaban un avance en la educación, la enseñanza y la cultura femenina.

La resistencia a la generalización de la enseñanza femenina fue muy acentuada. El reconocimiento oficial del derecho a la educación superior no se produjo hasta 1910. A lo largo de todo el siglo XIX, el analfabetismo femenino se mantuvo en tasas enormemente altas que rondaban el 70 % en muchas zonas a fines de la centuria.

 

EL SIGLO XX Y LA CONQUISTA DEL VOTO FEMENINO

A principios del siglo XX las únicas organizaciones femeninas eran las formadas por mujeres católicas de clase alta que se dedicaban fundamentalmente a la caridad. La primera que se interesó por el feminismo fue la Junta de Damas de la Unión Ibero-Americana de Madrid aunque limitaron sus ideales a las cuestiones sociales - mejores oportunidades en el trabajo y en la educación y supresión de la trata de blancas, dejando a un lado los derechos políticos. En 1906 crearon el Centro Ibero Americano de Cultura Popular Femenina y un periódico que salía tres veces al mes: La Ilustración de la Mujer.

El año 1912 será también una fecha importante para el asociacionismo de las mujeres obreras españolas en sectores bien diversos. En Madrid se funda la Agrupación Femenina Socialista, que buscará integrar un mayor número de mujeres en las filas del PSOE e intentará organizar varias sociedades obreras. Su labor será, en cualquier caso, minoritaria. Aunque en 1913 una mujer, Virginia González, entre a formar parte del comité nacional del PSOE y de la UGT, en 1915 sólo había en el partido tres o cuatro grupos exclusivamente de mujeres.

En 1913 se celebraron en la Sección de ciencias morales y políticas del Ateneo de Madrid varios encendidos debates acerca del feminismo. Participaron en los debates dos mujeres: Julia P. de Trallero, que más tarde sería secretaría general de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, y Benita Asas Manterola, que junto a Pilar Fernández Selfa lanzó el 15 de octubre de aquel mismo año una revista quincenal femenina titulada El Pensamiento Femenino.

El Pensamiento Femenino disfrutó de una vida relativamente breve, pero en mayo de 1917, poco después de su desaparición, Celsia Regis fundaba otro periódico conservador: La Voz de la Mujer. Celsia Regis decidió reunir a las mujeres que habían trabajado por la causa de la mujer o que, en virtud de su posición, podían favorecerla, para formar una organización feminista. Estas mujeres se reunieron en el despacho de la mujer de negocios, María Espinosa de los Monteros, el 20 de octubre de 1918 y decidieron crear la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) que se convertiría en la organización feminista más importante de España. La integran un grupo heterogéneo de mujeres de clase media, maestras, escritoras y esposas de profesionales en el que enseguida destacarán Benita Asas Manterola, Clara Campoamor, Elisa Soriano, María de Maeztu, Julia Peguero y Victoria Kent.

Poco después se fragua un cierto clima de cambio social debido, por una lado, a varias medidas en el campo de la educación y, por otro, al hecho que varios países concedieran el voto a la mujer en los años inmediatamente posteriores al fin de la I Guerra Mundial. Las medidas tomadas en el terreno educativo fueron dos. La primera es la R.O. del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes (2 de septiembre de 1910) que establece el libre acceso a la mujer al servicio de cuantas profesiones tengan relación con él, siempre que posea el título académico exigido. La segunda, el Estatuto de funcionarios públicos (1918), que permite el servicio de la mujer al Estado en todas las categorías de auxiliar, y remite a los respectivos reglamentos para determinar su ingreso en el servicio técnico, siempre con los mismos requisitos de aptitud de los varones. Por otra parte, el mundo de la universidad y de la administración pública con algunas limitaciones (judicatura, notarías, etc) quedaba abierto para las mujeres.

El voto femenino constituía pues un elemento del debate público cuando el diputado conservador Burgos Mazo presentó, en noviembre de 1919, un nuevo proyecto de ley electoral que otorgaba el voto a todos los españoles de ambos sexos mayores de 25 años que se hallan en el pleno goce de sus derechos civiles, pero incapacitaba a las mujeres para ser elegibles y establecía dos días para celebrar los comicios, uno para los hombres y otro para las mujeres. Nunca llegó a debatirse.

 

LA MUJER EN LA REPÚBLICA

Con la proclamación de la República, en abril de 1931, la igualdad de los sexos pasó por fin a ser una posibilidad real con la aprobación de la nueva constitución.

El Gobierno provisional, en un decreto de 8 de mayo de 1931, concedió el voto a todos los hombres mayores de veintitrés años y declaró que las mujeres y los curas podían ser elegidos para ser diputados. En las elecciones celebradas en junio de aquel año fueron elegidas dos mujeres diputadas, Clara Campoamor (Partido Radical) y Victoria Kent (Izquierda Republicana): dos mujeres de un total de 465 diputados. A finales de aquel mismo año otra mujer diputada, Margarita Nelken (Partido Socialista), ingresó en las Cortes. De las tres, Clara Campoamor, abogada, fue la más asidua defensora de los derechos de la mujer y desempeñó un papel importante en el debate acerca del sufragio femenino.

Clara Campoamor, diputada radical y miembro de la comisión parlamentaria, protestó vigorosamente de que sólo se reconociese "en principio" la igualdad de derechos, y consiguió finalmente que se enmendara el artículo 25 hasta quedar como sigue:
"No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones o títulos nobiliarios".

El artículo 36 confería los mismos derechos electorales al hombre y a la mujer mayores de veintitrés años. El artículo 53 otorgaba el derecho a ser diputado a todos los ciudadanos mayores de veintitrés años sin distinción de sexo, frase que, sin embargo, fue omitida en el artículo 69, por el cual eran elegibles para el cargo de presidente todos los ciudadanos mayores de cuarenta años. El artículo 43 trataba de la familia: La familia está bajo la salvaguardia del Estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos

Las primeras elecciones en las que participaron las mujeres fueron las de 1933. Las tesis sufragistas acababan de anotarse un triunfo en España. La concesión del voto, como la del divorcio, fueron logros de la mujer en el periodo republicano, pero logros tan efímeros como el propio régimen que los había posibilitado. La Guerra Civil y el nuevo Estado impuesto tras la victoria del general Franco el 1 de abril de 1939 darían al traste con todo lo conseguido. Habría que esperar al cierre de ese largo paréntesis de 40 años para que las mujeres recuperaran el punto de partida que significó la conquista del voto en 1931.

 

EN LA TRANSICIÓN SE PREPARA EL CAMINO HACIA LA IGUALDAD

Tras el largo desierto de la dictadura, el pleno acceso de la mujer a la política como electora y elegible no fue algo que resultara extraño en el cuerpo social español. Así tanto en el Referéndum para la Reforma Política convocado por Adolfo Suárez en diciembre de 1976, como en las primeras elecciones democráticas generales de junio de 1977, con plenitud de partidos políticos libres y reconocidos, las españolas gozarían del pleno acceso al voto, sin exclusiones de ningún tipo. Un derecho que desde entonces ha venido ejercitando hasta hoy con tanta naturalidad y responsabilidad, lejos de los tópicos y los fantasmas manejados antaño, con una tendencia que resulta imposible de diferenciar respecto a la ejercida por los hombres.

El voto femenino ha sido pues, un factor más de estabilidad y equilibrio en el proceso de la normalización política española, desde la transición hasta nuestros días, ejercido por todas las mujeres como un derecho más, con toda naturalidad, responsabilidad e ilusión.

El feminismo en España tiene un especial auge en la década de los setenta, Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista en España, defiende la tesis de la mujer como clase social y propugnaba las nuevas tecnologías de reproducción "in vitro" para liberarse,según ella, de su destino natural.

 

EL MOVIMIENTO FEMINISTA EN LA ACTUALIDAD

A inicios de los ochenta, la democracia en España se había consolidado. Sin embargo, el movimiento feminista señalaba que la democracia aún estaba incompleta porque no había llegado a las mujeres, garantizándoles el pleno ejercicio de sus derechos.

Desde entonces se han producido cambios en la situación de las mujeres que han contribuido a su igualdad, pero han surgido nuevas formas de discriminación que plantean la necesidad de que las mujeres se movilicen para ejercer sus derechos.

No obstante, ahora es posible evaluar el impacto que la movilización de las mujeres y las políticas públicas han tenido. Ha habido importantes cambios en la situación de las mujeres, como su incorporación al ámbito público y la toma de conciencia de sus derechos ciudadanos. Al analizar los datos sobre la realidad de las mujeres al comenzar el siglo XXI, constatamos que ha aumentado la participación femenina en la educación, en el mercado de trabajo y en la política. El avance en la universidad, un territorio fuertemente masculinizado ha sido muy importante, incluso en las carreras técnicas.

Los datos económicos muestran que también ha habido un importante acceso de las mujeres al mundo laboral. Si bien había comenzado a crecer en los setenta, el gran avance se produjo en los ochenta y noventa, y este crecimiento ha afectado sobre todo a las mujeres más jóvenes. Las mujeres comienzan a tener pocas diferencias con los hombres en cuanto al acceso al mundo laboral. Las mujeres se han incorporado fuertemente a la población activa, pero allí se encuentran con el primer obstáculo: el desempleo, que afecta de modo especial a las mujeres jóvenes.

En el campo de la política es donde ha habido un mayor avance de las mujeres a partir de los ochenta. Hay aproximadamente un 30% de presencia femenina en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en los 17 parlamentos autonómicos y en el Parlamento Europeo.

El cambio de la situación de las mujeres en el terreno público no ha cambiado el rol de las mujeres en el espacio doméstico, y esta dificultad para combinar trabajo y familia es uno de los factores que ha contribuido a la caída de la natalidad.

El desafío principal hoy es hacer que las mujeres consigan dos cosas: que este acceso no las deje como ciudadanas de segunda clase en el mercado de trabajo o en la participación política; y, más importante, que se asuma la dimensión de lo privado en una redefinición de la ciudadanía que permita que hombres y mujeres también compartan también las tareas en el hogar.

 

SOBRE FEMINISMO

Si deseas más información sobre los movimientos feministas te recomendamos estas webs:

http://www.claracampoamor.com/Clara02.asp

http://www.documentaciondigital.net/usu31/Historia%20Feminismo.htm

http://www.ahige.org/texto_arti.php?wcodigo=50206

 
 
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